jueves, 31 de julio de 2014

El viejo camello Bibliobus Llega al Cairo

El viejo  camello Bibliobus  Llega al  Cairo

Por Jhon Jairo Navia.


 ¡ A formaaar !  Expelió la voz de corte profesoral, diseminándose por las empinadas calles   como si quisiera rebotar contra   las montañas verduzcas del Cairo, Valle del Cauca. Y los chicos, alegres, vivarachos  músicos de la banda  de paz corrieron hacia sus instrumentos.   Estaban un poco retrasados así que tenían perfectamente claro que el desfile  musical por las calles principales del  municipio habría de empezar,  atravesado por unos rayos de sol que ya en la tarde sucumbirían a la niebla y el frío  que  cubre  las viejas fachadas de  las  casonas  paisas   que  rodean la plaza. Las notas agudas de la lira sonaron de primero   trayendo del mundo de los recuerdos  el resto de la melodía  y hasta la letra  de una dulzona y vieja  balada, ya muy poco escuchada: “durmiendo  vivir  durmiendo…soñando vivir soñando hasta que tu regreses y te entregues en mis brazos.” La marcha era orgullosa, colorida, ensanchaba  las amplias calles y  sujetaba  la mirada de decenas de  lugareños  parados  en sus pórticos. Como en un sueño, el intrépido  Bibliobús de la Biblioteca Departamental, casi una  ballena  aventurera, cargado de  libros, cerraba el desfile. Era un día para divertirse, para no  pensar en el invierno que  convirtió la maltrecha carretera en una licuadora de fango y  aisló el pueblo  durante largo tiempo  como en aquellos días de  1920 cuando fue fundado como último recodo de la civilización.
La impresión de que en El Cairo  abundan los niños, ciudadanos del ahora, no es  gratuita. Son el grupo poblacional más grande  y aunque uno no tiene  la seguridad de que  hacia ellos se  dirijan el grueso de las políticas sociales municipales si se tiene la pequeña tranquilidad  de que esfuerzos institucionales  del Departamento para  atenderlos desde la perspectiva de la recreación y la lectura apuntan – Así sea de manera  no del todo ordenada- en la dirección correcta. Por eso  la Biblioteca  Departamental invierte algunos escasos recursos, enviando el viejo busetón que ronronea lento  y ya casi a punto de asfixiarse por tantos desperfectos.  No tiene aire acondicionado para el caso de  nuestras regiones calurosas, su pito tiene la manía de sonar  por mero capricho cuando  entramos o salimos de los pueblos, el motivo de su pintura señala  antiquísimos programas institucionales ya superados; y  como si  fuese poco  uno contiene la respiración  como para no robarle oxígeno, para darle ánimos para que suba, sube camellito subeee.  Y sin embargo  el busetón llega a su destino, cumple su misión, invita a la lectura  casi mejor que el más moderno de los autobuses de turismo de primera clase y deja el aguijón de la lectura clavado en los corazones de muchos, como los niños del Cairo que se suben  y lo usan con la naturalidad de  conocerle porque  ya están habituados  a que en los momentos    importantes la Biblioteca Departamental  no los dejará solos. Algunos de ellos eran los  consagrados  músicos que ahora pasaban  hojas, picoteaban trozos, jugosas porciones de textos carnudos,   y pedían  libros que  hubiéramos debido tener.
Pero en el Cairo hay que hacer más que coloridos desfiles  mañaneros y por fortuna lo entendemos en su justa dimensión aunque no lo enfrentemos con la decisión necesaria.  De sus  casi diez mil habitantes, entre los cuales  hay unos unos   dos mil quinientos niños entre los   cero  y los nueve  años en comparación con  sólo  novecientos adultos entre los 50 y  los  59 años  habría cerca de  mil quinientos  analfabetas distribuidos en  todos los rangos de edades , aunque de seguro con mayor intensidad en la población  mayor de 50 años  y los campesinos.  Son muchas personas, muchos ciudadanos excluidos a quienes  la sociedad no  les garantiza su derecho a participar.    La biblioteca pública del Cairo  y el  vetusto bibliobús adquieren entonces connotaciones épicas, aunque, tristemente, no mucha gente parece percibirlo. La biblioteca  ni siquiera tiene un aviso notorio que  la identifique aunque tiene la fortuna de estar ubicada en la   plaza del pueblo, de tal manera que no sería difícil ponerla en el centro de la escena.  Son como tantas  dimensiones de la realidad vallecaucana: debilidades  que se pueden volver oportunidades. Eso claro, dependiendo del alcalde municipal, del gobernador  y la bibliotecaria del momento, que en este caso es Francis, una chica joven que ( naturalmente como se esperaría en un pueblo de jóvenes) camina segura de sí misma con su pequeño hijo cargado  y que va anunciando a los  lugareños que  la biblioteca municipal los espera  a todos.   Casi nadie sabría que es la nueva bibliotecaria del pueblo y que fue entrenada  intensamente en Cali  durante una capacitación para los bibliotecarios  recién  contratados  de la  red  departamental. Pero de seguro que al verla sonriente y  promoviendo los servicios de la biblioteca, la imagen  social que se construyen del desfile y el bibliobús avanzando parsimoniosamente,  hará que  algunos vayan y pidan un libro   para aprender  a cultivar huertas caceras, hacer arreglos navideños, leer una novela o consultar una ley para  enviar un derecho de petición. Incluso podrían ir a buscar libros de chistes o manuales para jugar billar.
El Cairo suele yacer ahí, paradisiaco o infernalmente tedioso, dependiendo de la mirada  de quien acaba de llegar y se extasía al contemplar la  dimensión casi obscena de su riqueza natural o de muchos jóvenes que acabados de graduarse de la secundaría  ven como sus opciones  de vida se reducen a ser peón de finca o a huir a  una gran ciudad. Uno  alza la mirada y el paisaje lo atropella. Descomunales cuchillas y faldas cordilleranas cultivadas con café, plátano, maíz, banano;  o todavía en manos de bosques vírgenes;  exuberantes fuentes de agua por las que se matarían en los desiertos chinos; bandadas de pájaros silvestres.   Y es  casi natural que sea de esta forma: El Cairo está rodeado por los ríos Bonito y Las Vueltas,  plácidamente  usufructúa las prodigas tierras  de la serranía de los  Paraguas, los altos de Galápagos, La Cruz y Morrón y las cuchillas  Camellones, Espinazo y Carbonera. Es la puerta de entrada a la selva virgen del Choco.
Pero si uno fuera el joven o la joven en el que se convertirá  uno de los  niños que tocaba  tocaban  la lira y  tiraban  sonrisas a diestra y siniestra y que  instantes después encendía la máquina de  sus sueños cuando leía en el extrañamente pequeño pero infinito espacio del  Bibliobús,  la perspectiva  podría cambiar. El  Dane dice, sin inmutarse, de la misma forma en que nos dijo que había  dos mil quinientos  niños de cero a nueve años, que en El Cairo solamente 5200 personas han alcanzado primaria,  2300 tiene terminada la secundaria y   apenas, penitas, penas  ciento ochenta tienen  universidad o posgrado.”    ¿ Qué puede significar entonces la tibia acción   de la biblioteca y   la ingenua  pero noble  intención del bibliobús en un municipio  que  está cerca de cumplir cien años y todavía no parece poner la educación en  el centro de  su agenda pública?  Yo no sería del todo pesimista. No hay que menospreciar que ese encuentro furtivo entre niños, libros y busetón puede  cambiar  el mundo. Una  sola imagen robada, un pedacito de texto puede permanecer en la mente de los chicos y  tras años de trabajo sicológico silencioso, como un gusano de guayaba madura, obrar una manera diferente de ver el mundo.  Me gusta pensar que  pequeños cambios  hacen  grandes revoluciones  y  de esa forma veo la gestión de la directora de la Biblioteca Departamental, que  a cientos de kilómetros y con una intuición que sorprende saca  presupuesto de donde  pareciera no haber más que ollas raspadas   y envía tres quijotes al último – o al primer, dependiendo de la mirada- rincón de la provincia vallecaucana. Al Cairo. Que es como si a uno le dijeran, váyase en camello, sin aire acondicionado, hasta  la capital de Egipto el país de las pirámides, venza los derrumbes, las miles de toneladas de lodo que amenaza con  enterrarnos con todo y libritos y busque  a los niños para que les lea un cuento.  Todo lo que hay que hacer para leer un cuento.


Muchas  cosas se quedan sin contar en cada crónica que escribo. No puedo por ejemplo  transcribir toda la felicidad que siento de volver a salir a los pueblos de Colombia a hacer lo que más amo. Y no  lo hago porque el papel  no   puede con todo y porque   yo no soy el protagonista de la crónica, como tampoco lo son José Luis, mi compañero   promotor de lectura  que  hace su trabajo con la convicción de un monje tibetano y William, el experto  amansador de  este viejo, decrépito pero alucinante camello motorizado llamado b i b l i o  b u s . Biblioteca-camello-bus-que viaja al  Cairo.   Y que serios son mis compañeros en su trabajo, como para que ningún burócrata  en su  cómoda oficina con aire acondicionado vaya a pensar que  salir   con el  b i b l i o b u s Biblioteca-viejo camello-bus es un paseo.   Mañana en  la mañana partiremos para Versalles. Ya veremos.  

miércoles, 30 de julio de 2014

Riders...

 Por: An Drea

" Riders ... un nombre algo fuera de lo común, tengo que reconocerlo , pero me atrajo como una especie de imán, no podía dejar de pensar en que tenia que conocer a estos chicos , que al parecer de la sociedad han de ser un poco extravagantes. Algún día de Agosto de 2013 pude reconocer que era agresivos y algo cerrados - lo se, no tiene sentido- Algún día de septiembre u octubre , pude ver como eran realmente, todo lo opuesto a lo que yo era , todos eran extrañamente extrovertidos , todos unos lideres y hasta simpáticos. Me quería alejar , no era mi ambiente. Me sentía acorralada, quería escapar , a comparación yo era introvertida y tímida , tenia miedo a como me podrían ver. El día siguió y las cosas no siguieron tan mal , no pudieron salir tan mal, me gane un libro - el cual nunca leí- pero me lo gane ! me sentí incluida por una vez en mi vida . Luego de ese día, el resto tornaron otro sentido , algo era diferente en mi vida cotidiana. Les confesare algo chicos, no leía en absoluto cuando los conocí. Pero después de eso ... había algo diferente, ya nada me parecía aburrido, aunque no estaba tan incluida como hubiese querido , conocí a personas maravillosas las cuales jamas ni aunque quisiera olvidare , forme una historia que jamas podre volver a formar, una historia única, todo gracias a ustedes. Hoy en día los considero como mis hermanos , ya que no tengo biológicos son lo mas cercano que tengo a ello, me enamore en este lugar , forje las mejores amistades en este lugar , hice las mayores payasadas en este lugar y con ustedes. Me ayudaron a llegar a un nuevo mundo , a forjar una nueva historia ... por eso puedo decir con la mayor de las certezas que los amo chicos , tómenlo como quieran , pero los amo, amo como tornan algo triste en alegre , amo como aceptan a todo cuanto se les pase por el frente , amo el sentido que le dan a la literatura , los amo.
y confesare otra cosa, sin ustedes estaría muerta, literal. - no me pongan arena pues -"


miércoles, 23 de julio de 2014

Estrellas (Seb M Coronnel)

ESTRELLAS
Seb M Coronnel









Las palabras de Sukihiro perforan mis oídos, mientras la brisa de la noche tira de mis cabellos. Él siempre fue un buen contador de historias. Siempre.
Pero nunca fue persuasivo.
Después de largo rato escuchando su historia, que obviamente contiene una intención diferente, la sensación de vacío por estar parada en el borde de uno de los muchos rascacielos de Tokio se ha perdido
Mi nombre: Eiko Mirai
Es algo irónico que una chica que su nombre signifique ‘’la chica de la larga vida futura’’ sienta deseos de terminar con su vida a los prematuros dieciséis años, pero yo no lo decidí. Fue la vida quien lo decidió. Y en estos momentos… no entiendo porque también ha decidido que Sukihiro esté aquí, a punto de contemplar mi muerte. Intentando contarme una horrible, inmunda y linda historia de amor de una chica que se llegó a encontrar en mi situación. Digo linda porque, al parecer, ella si vivió.
Yo no lo hare
Sukihiro grita a unos dos metros de distancia de donde estoy. Su voz se pierde en los bucles de las ventiscas.

. — ¡Eiko!—Capto por lo bajo

No lo entiendo. ¿Porque él? Que motivo tiene… ninguno nada tiene sentido. Y entonces empieza de nuevo a narrar esa ridícula historia para darle un final. Me dispongo a escuchar

‘’Sayaka se encontraba sentada debajo del árbol de cerezo viendo el fluir de su diminuto rio escarlata deslizándose por el dorso de su mano. Los pétalos rosados patinaban con diligencia hacia el suelo danzando sobre sí mismos. Lentamente veía como ella le soltaba la mano a la existencia. Todo se tornaba borroso. Con la vida atrás también dejaba al amor, porque el amor es vida… y la vida es amor’’

. —Falso. —Me volteo y vocifero con lágrimas en los ojos, —La vida no es amor. Ni el amor es vida. Puede haber vida sin amor, pero no puede haber amor sin vida.

No me presta atención y continúa

‘’mientras su conciencia se desvanecía podía oír a  lo lejos que alguien exigía su presencia

—Sayaka. —exclamaban.

Sintió como su desanimado cuerpo colgaba por entre los brazos de alguien que no lograba reconocer’’

La voz de Sukihiro se quiebra en más de una ocasión. El notorio nudo de su garganta sobresale por encima del leve susurro del viento. Aun así… continua

’Sayaka. —suplica una voz llena de algo más que angustia. Miedo. —Por favor, Sayaka. —el desconocido  tomo unas vendas que saco de sus bolsillos y amarro fuertemente con un nudo. Deteniendo el flujo de tibio líquido. —Sayaka reacciona. —Sollozaba mientras los pétalos rosados se posaban en sus cabellos dándoles un aura mágica y perturbadora. —Yo… te amo. —declaro el desconocido con una voz que no asumió como la suya. En ese instante. Sayaka, que no quería vivir. Sayaka, que quería solo desaparecer, Sayaka, que solo había sido incomprendida… Sayaka en esos momentos entendió que...’’’

. — ¡DETENTE!—Exclamo. —La vida no es nada importante. Estamos aquí por una simple coincidencia. No estamos destinados  a nada no entiendes a ¡NADA! Ni siquiera… ni siquiera a amar.

Puedo ver  mis brillantes lágrimas ser raptadas por el viento. Veo como brillan gracias al resplandor que emana la ciudad que parece un campo de constelaciones, contrario a lo que se ve en el cielo. Qué curioso… saltare a suelo pero en realidad parece es el firmamento, miles y miles de insignificante puntitos de luz. Que para ellos es un todo. Para mí…
Un nada.

Salto y oigo como Sukihiro grita mi nombre. Veo su rostro asomarse por el linde del edificio. Su mano estirándose en un esfuerzo banal de atraparme. Mientras yo... mientras yo…
Me dirijo a las estrellas.


-Seb M Coronnel

lunes, 21 de julio de 2014

Por: José Daniel Bustos.

 In every ocation i'll be ready
for the funeral.

Tu cuello arrastra mis recuerdos
por la carretera.
Recuerdos que tus verdes ojos ayudaron
a dar forma.
Recuerdos, que recuerdo tan lúcidos
aunque sean pocos.
Los nombro a todos en el mismo lugar
borracho, alegre y a la vez lugubre.
Mientras bajamos cantando
acariciaba tus blancas manos
la colina de San Antonio.