domingo, 29 de junio de 2014

Jarillón de recuerdos. La tan ansiada libertad.



Por: José Daniel Bustos
 A María José Mosquera y Juan Pablo Martinez.


29/06/2014


Caminamos una media hora hasta llegar al barrio de Majo. Juan Pablo y yo. Timbramos en su casa dos, tres veces. Salió su madre. Su madre s adorable. Todos la amamos.
-Buenas tardes doña Mamá de Majo. ¿La ya mencionada Majo se encuentra?
-No pa’ usted- dijo en un tono gracioso. Soltó una risa- Mentira, ya se la llamo.
¿Qué no daría yo por tener una madre así?
Estaba dormida. Esperamos a que se bañara, se vistiera y almorzara. Cuando se despertaba siempre decía “¿Ah? ¿De qué putas están hablando?” aunque no hubiéramos dicho nada. Se demoraba dos canciones bañándose y tres vistiéndose. Siempre eran las mismas canciones. Siempre era la misma Majo.
-Hola, bastardos. ¿Qué hay?
- Aventuras por montones. Aligérale que se nos va el tren de la una.
-Son las dos de la tarde, maldito imbécil. Y en este maldito pueblo no hay ningún maldito tren. Acompáñenme primero almuerzo en la panadería. Me gusta tu camiseta- llevaba mi camiseta de los Beatles, esa que llevaba siempre, todos los días que salíamos juntos. Ella llevaba una camiseta negra que decía “Gatos”.
Pan con gaseosa. Siempre almorzábamos lo mismo cuando estábamos juntos. Juan Pablo tampoco había almorzado así que juntaron dinero y compraron un pan de dos mil, un lujo que solo podíamos permitirnos pocas veces, y una gaseosa de las baratas. De esas imitaciones de coca cola que sabían a agua pero que vendían mucho porque en sus anuncios de tv aparecía ese jugador de futbol que Majo dice que está bueno pero que  yo no sé.
Comieron en el camino. Caminando, siempre caminando los tres caminantes. Tres puntitos negros que caminaban por todo jamundí y siempre se veían fuera de la iglesia riéndose a carcajadas, andando por allí y por allá y por todo lado, saludando a algún conocido o desconocido. Dándole el fai y todo bien, y venga para acá la abrazo, hace años que no te veía Maribel, y que como está la familia y si te acordás de ese hijueputa profesor que buscaba en google cualquier cosa para ponernos a hacer mientras coqueteaba con la señora de la tienda escolar. Buenos tiempos aquellos, pero más buenos tiempos los que estamos viviendo y los que vamos a vivir cuando nos vayamos de este pueblo.
Y sí. ¿De qué estaba hablando? Ah, sí. Sí. Comieron en el camino, yo masticaba un chicle que compré en la panadería también. Doblemos a la derecha y luego derechito hasta donde se acababa el barrio. Primero una zona verde donde los vecinos llevaban a cagar al perro pero no recogían la mierda. Después el jarillón que evitaba que la popó de perro se inundara cuando llovía duro. Después del jarillón, el caño. Después del caño, libertad. Sí, libertad. Porque todo el mundo estaba en su casa viendo “el precio es correcto”, o en el centro comercial, o en Cali, o haciendo cualquier gÜevonada para olvidarse de que existe o alguna vez existió algo que se llama libertad, y que solo puede encontrarse detrás del caño y el jarillón.
Al lado del barrio estaban recién empezando a construir otro barrio para gente rica que hasta para masturbarse o limpiarse con el papel higiénico levantaban el meñique. Cuando llegara gente a avitar esas casas estaríamos perdidos. Pero por ahora no.
De las casas que estaban construyendo, Juan Pablo y yo trajimos ladrillos y guaduas y entre todos hicimos un lindo puente. Cuando juan pablo puso el primer ladrillo majo comenzó a cantar una canción en voz baja, yo canté con ella y Juan Pablo silbaba porque no sabe ingles.
We all live in a yellow submarine, yellow submarine, yellow submarine…
Y así cruzamos el Puente, cantando en voz baja. Y así seguimos y pasamos por debajo del alambre de púas, seguimos un caminito y por fin llegamos. El sol a través de las nubes sobre los farallones. Los ruidos de la ciudad y del pueblo ahogadas por nuestros pensamientos que gritaban “ME IMPORTA UN CULO”. Pajaritos volando y por allá vemos vacas y arboles. Y lo único que vemos son vacas y arboles.
Y mientras notamos todo  nos sentamos por ahí. Mientras me subo a los arboles a comer guayabas Majo habla de lo que hizo el fin de semana y Juan Pablo habla de lo que pasó en el colegio con su amiga turra. Y yo me rio. Y todos nos reímos. Y somos libre hijueputa.
Somos libres.


sábado, 28 de junio de 2014

Poemas, Por Juan Carlos Cortes.

Sé que nunca fue intención de los hados
Dejar a un crío abandonado
A merced de las bestias y la tempestad
Es por eso que aquella criatura
Que enfrento el frío y la adversidad
Creció odiando a quienes los rechazaron
Convirtiendo su odio en rabia visceral
Cuiden los hados a aquellos desalmados
Que a un pobre infante desahuciaron
Porque con la ayuda de Némesis
Su retribución habrá de obtener
Huyan a buen resguardo
Infelices humanos que a un niño desampararon 
Recen con devoción a los hados
Para que los lleven a buen resguardo
Rueguen a Hécate la hechicera un brebaje
O más bien que Nix con su oscuro manto 
Los oculte para siempre de crío abandonado
Porque cuando los hados se cansen
Y el pobre infante los alcance
Solo Hades podrá rescatarlos
Para llevarlos al Tártaro que tienen destinado.

Abandonado

No quiero sentirme solo
Huyo del rechazo, de la exclusión
Pero sin importar mi escondite
Siempre me encuentran, me alcanzan
Me condenaste a este juego insensible
La soledad quiere ser mi compañera
No la deseo a mi lado, nunca
Pero la impusiste, tatuaste el abandono
Escucho su invitación a disfrutar del letargo
Me opongo, aceptarla sería un fracaso
Resignarme a la desidia no es fácil
Difícil es luchar contra el vacío, la incertidumbre
La soledad se disfraza de ausencia 
Prometiendo tu falso retorno
Mientras tanto reposo en un paisaje yermo
En donde la depresión hace su recreo
Desesperado por escuchar una vez
Las falacias que prometen tu regreso.

Foto

Cuando no estás, tu recuerdo es difuso
Se desdibuja en mi memoria
Se extravía en los pensamientos 
Y se confunde con el pasado
Cuando aquello sucede, sufro
Intento dibujarte, narrarte, describirte
Pero nada sirve, evocar tu esencia no basta
Recurro a los amigos, a sus vivencias
Aunque de las mismas pareces evadirte
Por último me aferro a tu imagen
Buscando hallar tú presencia plasmada
Y la encuentro, con cada foto me regocijo
Tu sonrisa, tu mirada, toda tu.
Es por eso que guardo cada instantánea, cada retrato
Porque mi hambriento corazón
Nunca se colma de tu presencia.

Por Juan Carlos Cortes.

Alma, olvido y nada, por Camilo Molina Restrepo

Veo el mundo desde una ventana
Desde una ventana veo yo, mi mundo
Reducido a cuatro paredes, mi mundo
Con una bella y pequeña ventana

Cuatro paredes que me ven a mí
Una ventana la cual el mundo me ve a mí
Yo, las veo a ellas, la ventana y las barras.
Las barras que me tienen solo a mí

No veo más que solo mi sombra
Amiga única que he sabido encontrar
Sombra única que me acompaña
En la tristeza de mi soledad

Ciertamente me pregunto ¿Qué he hecho?
Las lágrimas de mi nacimiento cayeron aquí
No sé qué pecado he cometido
Para estar recluido aquí.

Mi alma pobre y triste vaga
Mirando paredes, barras y ventanas
No conoce más, no conoce nada
Solo conoce el triste hecho de mi soledad

Años han pasado, tiempo ha recorrido
Yo sigo estando aquí, atrapado
Que hasta el vestigio del tiempo 
De mí se ha olvidado

Todo se ha olvidado de mí
La nada no le importa mi presencia aquí
Hasta mi sombra se fue, olvidada
Del dueño a la que una vez estaba atada

Olvido soy, no soy nada
Vago sin rumbo, veo en la ventana
Veo el mundo, veo olvidada
A mi triste alma, que para mí ya yace, olvidada

Por Camilo Molina Restrepo

domingo, 22 de junio de 2014

En búsqueda por Camilo Molina Restrepo

En búsqueda



Cada día me encuentro en una sala oscura, vieja y vacía, donde al parecer no ha vivido nadie ni ha pasado ninguna señal de vida, solo yo. Estoy sentado en un pequeño sillón en el centro de la sala, sin rumbo, sin pensamientos, sin saber que estoy haciendo; no he logrado entender el porqué pero jamás he podido sentirme a gusto allí, es un sitio oscuro, no me gustan los lugares oscuros.

Todo esto sigue día tras día, no veo como salir de la sala, no hay puertas ni ventanas, solo unas paredes tristes de color gris, la humedad las azota y están deterioradas, lo único que existe allí, es el sillón, las paredes y yo. Me aburre estar aquí , me entristece, mis pensamientos me torturan, mi mente me abruma cada día, no tengo nada que hacer, quiero salir de aquí, es un sitio triste, no me gustan los lugares tristes.

Ya estoy harto de este lugar, no le veo sentido a la vida estando aquí , no tengo vista al exterior, no tengo nada que hacer, no tengo ninguna utilidad, no puedo hablar ni oír, nada suena y no hay nadie con quien hablar, no conozco nada, no se absolutamente nada. Quiero terminar con esto a ver si voy a un lugar mejor,  pero no encuentro nada con que cumplir mi fin. Al fin y al cabo solo están las paredes, el sillón y yo. No aguanto más, quiero salir de aquí, es un sitio vacío, no me gustan los lugares vacíos.

¿Qué hago todo el tiempo? Solo me acuesto en el sillón o me acuesto en el piso, deambulo por la sala, buscando algo y no encuentro nada. El piso es frio, el sillón lo es más, inexplicablemente nunca siento hambre, solo estoy allí acostado, sin rumbo y sin sentido. Solo cuando me acuesto en el piso me siento un poco más a gusto, siento un pequeño calor que emana de él, pero luego desaparece, solo son invenciones de mi mente para hacerme sentir mejor. Quiero realmente salir de aquí, es un sitio frio, no me gustan los sitios fríos.

Estoy lleno de rabia el día de hoy, no sé por qué no me siento triste, ni vacío, solo estoy lleno de una profunda rabia hacia todo: hacia las mismas tristes paredes grises, al monótono piso de madera, al húmedo techo blanco, pero por sobre todo, a ese sillón negro y frio. No aguanto más, la rabia me consume.

¿Qué paso con el sillón? Bueno, lo destruí completamente, no sé, tenía mucha rabia ayer y pues, la descargué en el. Estoy deambulando por la sala, camino y camino detallando el desastre que causé, y veo algo raro debajo del sillón,  Hay una pequeña manija que no había visto antes, ¿Sera una salida que me lleve a algún lugar mejor? ¿Podre salir de este triste y oscuro lugar que tanto odio?

Al jalar la manija me doy cuenta que esta cede, jalo fuertemente con toda la energía que tengo por querer salir de aquí. Cansado, veo que hay un túnel que me lleva a otro lugar, no sé, estoy enérgico y cansado al mismo tiempo, quiero salir de aquí, ya puedo, estoy cansado, mejor duermo.

Hoy estoy ansioso por saber qué hay al otro lado, espero que sea algo muy distinto a esta triste sala en la que estoy encerrado. ¿Qué encontré en la otra sala? Pues, encontré exactamente lo que no quería. La misma sala gris y triste, sólo que ahora hay un ventilador en el techo y una luz tenue proveniente de una pequeña lampara. Ya no hay sillón, me alegro que ya no esté. Ahora sólo hay una pequeña mesa de madera, un papel y un lápiz. Es triste lo que acabo de encontrar, es un sitio aburrido, no me gustan los sitios aburridos.

Bueno, algo bueno le he sacado a esta nueva sala:  la hoja y el lápiz, estos me han servido para escribir, dibujar y hacer cualquier cosa que quiera. Cada día veo que la hoja está de nuevo en blanco y el lápiz vuelve a estar nuevo. Es extraño, me siento libre al estar concentrado improvisando en esa hoja, pero al terminar me veo solo de nuevo en esa sala. Es un sitio extraño, no me gustan los sitios extraños.

¿Qué estuviste haciendo en esa sala por tanto tiempo? Dibujar, escribir, garabatear y jugar con esa hoja y el lápiz. No encuentro nada más que hacer. Miro a los alrededores y solo veo las mismas paredes grises, solo que por unos momentos veo una de ellas un poco más oscura que las demás. Creo que son efectos de la poca luz que hay en el lugar, mañana miraré qué puede ser.

Hoy me he levantado con una única cosa en mi mente, esa pared gris oscura. Me arrime hacia esa pared, toque varias veces, suena hueca, tal vez sea el material de la que está hecha. No le presté mucha atención, el papel y el lápiz me distrajeron de la pared. Es un sitio con un papel y un lápiz, me gusta ese papel y ese  lápiz.

Ya han pasado creo que varios meses, no siento muy bien el paso de los días y tampoco me pongo la tarea de contar los días. Pero de lo que si me he dado cuenta es que ya no me atraen ni la hoja ni el lápiz, lo que antes escribía eran historias sobre un lugar mejor, dibujaba el lugar que tanto quería, ahora solo dibujo esta sala, escribo sobre ella y lo que hago aquí. Estoy atrapado en este lugar, quiero salir de aquí, es un sitio muy monótono, no me gustan los sitios monótonos.

Estoy lleno de rabia otra vez el día de hoy, no sé por qué hoy no me siento vacío ni aburrido. Solo estoy lleno de una profunda rabia hacia todo, hacia las mismas tristes paredes grises, el monótono piso de madera, el húmedo techo blanco, pero por sobre todo, a esa hoja de papel, ese lápiz y a la mesa que los soporta. No aguanto más, la rabia me consume.


Después de otro alboroto de mi rabia, he vuelto a destruir otras cosas, la mesa, partida a la mitad y sorprendentemente, la pared oscura hecha añicos, dejando ver a través de ella un túnel largo, con una pequeña luz al final. . Espero que esta vez sea distinto, que esa luz sea el lugar que tanto quiero. De nuevo estoy muy cansado, mañana miraré que hay al fondo de ese túnel, mejor duermo.

Hoy me he levantado muy enérgico, estaba ansioso por saber que había al otro lado del túnel, cuando me levanté cogí la hoja de papel y el lápiz que tanto odiaba, solo que ahora los veía de una manera un poco más sutil y me encamine por ese túnel. No sé cuánto tiempo pasó allí, pero solo sé que estuve muchísimo tiempo en él, al llegar al otro lugar caí en el suelo debido al cansancio y no pude ver nada, solo la hoja de papel cayendo suavemente en mi cara. Espero que no sea un sitio oscuro, no me gustan los sitios oscuros.

Acabo de levantarme, estoy mareado, tal vez sea por el cansancio de anoche, no veo muy bien, solo una fuerte luz me está dando en mi cara, creo que es el sol. Mejor camino por otro lado en donde haya sombra, no veo nada por ningún lado, es un sitio plano y radiante, esta luz sigue igual de fuerte, es tal y cual como lo soñé. Es un sitio muy luminoso, me gustan los sitios luminosos.

No pude dormir anoche, bueno, realmente nunca hubo un anoche, la luz jamás se apagó y sigue igual de intensa que ayer, ¿Si fue ayer? ¿Ya ha pasado un día? No lo sé, estoy muy desorientado, quiero algo de agua, la luz me está dejando seco, estoy muy cansado. Quisiera volver a esa sala fría y oscura, volver a sentarme en ese sillón negro y también, dejar volar mi imaginación en esa hoja con ese lápiz en la cómoda mesa. He estado caminando por horas, no logro encontrar el túnel de vuelta. Es un lugar muy caluroso y luminoso, no me gustan los lugares calurosos, quiero volver.

No sé cuánto tiempo ha pasado desde que estoy en esta sala, la luz sigue sin apagarse y me siento muchísimo más cansado, no lo entiendo, esto no era lo que quería, solo quería luz que iluminara la sala y poder caminar sin tener paredes y techo que delimitaran mi travesía. Realmente esto es lo que soñé, ahora que lo recuerdo, esto fue lo que dibuje en la hoja una vez.
¿Qué has estado haciendo en esa sala? He estado escribiendo en mi hoja todo lo que he vivido desde que tengo memoria, quiero recordar con las letras esas bellas salas en las que todo era fresco, aunque eran un poco oscuras y grises, es mucho mejor que esto. Estoy demasiado cansado. No sé si podre continuar, mejor me recuesto en el piso y termino de escribir mi historia. Quisiera poder  volver a las anteriores sa….

Camilo Molina Restrepo.

jueves, 12 de junio de 2014

Mas bien - Me veas

Mas Bien
Se sentía solo, asustado, acongojado
escuchaba sombras hablarle desde lo lejano
cerro los ojos y sin preámbulo,
retomo la foto de su iris, de aquel milagro ingrato.
Que se olvido al instante de el saber querer,
sin perderse, sin perderse muy bien,
desde lo mas remoto de aquel joven poeta,
quien cada vez que recordaba sus dunas, quebrantaban sus letras.
Si, tal parece que paso ayer,
cuando, comprendí de una vez,
que no se quiere muchas veces por amor,
que se quiere también, y mas bien, por hacer un bien.
Jose Renteria

Me Veas
Me siento perdido abrasado por el temor,
un toque vacío e inquietante,
si es de verdad ese camino el mio,
o solo es una ilusión repetitiva, delirante.
Ante ahora lo que pase, solo queda,
dejar que siga aunque dañe, a lo lejos,
es indignante, seguir preguntándome,
si es o no, una voz psicodelica en mi, siempre abrumante.
Sueño con salvar vidas de ideales sin sentido,
donde se vende la paz pero la guerra nos la esconden de nuestros oídos,
sueño con ser, o no ser, ¿ya que importa quien? ¿si es?
o deja de ser de un momento a otro, dejando caer un tornillo de su coco.
Me excuso poco a poco,
en versos cortos, algo simples,
un poco locos, de el por que de mi actitud,
frente al salón, y como ahora me veas tu.
Jose Renteria