miércoles, 8 de enero de 2014

Memorias de nuestra primera reunión en la biblioteca departamental Jorge Garces Borrero.

Los extraños sucesos ocurridos el sábado 6 de julio.
Por: Spagueti Morela

Nada hacía presagiar lo que iba a presenciar el día de hoy en la biblioteca. Ninguna señal objetiva ni mística. El día fue exageradamente caluroso como suelen serlo muchos de los días de las vacaciones de julio. Yo había escogido venir a trabajar este sábado -algo de por sí inusual- no porque tuviese alguna obligación sino porque trataba de ganar un poco más de tiempo que pudiese compensar durante mis propias vacaciones que se avecinan. Excepto porque Cecilia Joaqui - la coordinadora de servicios bibliotecarios que trabaja hace muchos años en la Biblioteca- había decidido ubicarme en el servicio de atención al público, en la base de datos, y no como me lo hubiera anunciado, en sala de literatura no había ocurrido nada que alterase el desarrollo de un día cotidiano en la biblioteca que -por demás- está a punto de cumplir sesenta años. La escena era colorida y convencional hasta que ocurrieron los inverosímiles hechos que les voy a contar.
Desde la mañana había visto entrar cientos –tal vez miles- de personas que según mí empecinada manía de observar y tratar de comprender las tendencias invisibles que marcan la exterioridad de la realidad se clasificaban en dos grandes grupos. Por un lado entraban hombres y mujeres vestidos con trajes, digamos especiales. Iban con gestos solemnes hacia los auditorios, que están a mano izquierda si se mira desde la entrada peatonal principal que da frente a la calle quinta. Nadie que trabaje en la biblioteca se sorprendería ni creería que es un gran descubrimiento intuir que iban a ceremonias de grados de colegios. Chicos, chicas, padres y familiares bonitos que huelen a perfume y parecen esperar del futuro cosas grandiosas. Caso cerrado, me dije. Y el otro grupo de personas, muchos con niños pequeños que se dirigían a usar plenamente los servicios de la biblioteca. Iban a las colecciones, a leer el periódico o consultar algún libro de matemáticas para un examen final o a la sala infantil porque el sábado está hecho para eso, para llevar a los niños a la biblioteca. Así llego la una de la tarde, tras unas cuantas referencias que ofrecí en la base de datos buscando libros sobre arcángeles y aclarando dudas sobre posibles formas en que el software de catalogación de libros puede admitir información sobre autores, menciones de responsabilidad como lo llamaría algún bibliotecólogo. La primera mitad del día cerró como un atardecer en la playa, plácido y elemental. Incluso creí ingenuamente que el resto del día sería tan elemental como hasta ahora, una línea recta, pendiente cero, cambios predecibles. Estaba muy equivocado.
Después del almuerzo y como ejercicio mental imagine la perspectiva de la enorme biblioteca vista desde un avión. Se vería entre dos avenidas medianas pero agiles; traspasada de lado a lado por el sistema de transporte masivo y con el fondo del imponente sistema de montañas del parque nacional natural de los farallones. Imagine las cerca de 2 mil personas que la visitan y el esfuerzo que hace para descifrar permanentemente la manera de seducir a 4 millones de vallecaucanos para que lean más y mejor y sobre todo para que vuelvan la lectura una forma apasionada de ver lo que otros no ven. Pero no siempre es fácil como lo constatamos Gloria esperanza Calle, la encantadora líder del Proceso de Promoción de Lectura y Escritura, a quién siempre veo haciendo su trabajo silenciosamente. O como lo debatimos con Sandra Patricia Salazar, la brillante bibliotecóloga que algunas veces pareciera tener respuestas para toda la biblioteca. El Proceso de Lectura es el encargado de tejer la red, de lanzar la red que atrapa y libera lectores a lo largo de 22 mil kilómetros cuadrados entre selvas, pantanos, autopistas, media docena de ciudades medianas y un reguero atomizado de pequeños pueblos llamados Departamento del Valle. Y para eso se necesita de un tipo de inteligencia emocional que frecuentemente nos desafía a olfatear lo que no es evidente.
Es nuestra misión, acompañar a la gente real - diferente de la que aparece en las estadísticas- para que puedan encontrar en la lectura una palabra, una frase, una imagen que les permita dimensionar todo el sentido de lo inasible: la propia existencia. A veces creo que soñamos más de la cuenta y me pregunto si pudiera parecer un poco ridículo. A veces creo que para eso nos pagan y me contesto que es nuestro deber soñar con la república de las letras. A veces pienso que el Proceso de Lectura y escritura es realmente el Departamento de Poesía y sueños de la Biblioteca. A veces no creo nada sólo lleno formatos e informes.
Y de pronto, sin que nadie lo anunciará se desencadeno todo. Si todo. Estaba sentado ojeando un libro de diseño de base de datos y cuando levante la mirada los vi. Y no encuentro más que una metáfora para dibujarlos. Eran como un cardumen de unicornios marinos que aparecen fugazmente frente a la mirada de un terco biólogo marino que en el fondo de su corazón siempre creyó en los unicornios marinos pero siempre tuvo la precaución de no expresarlo en público. Así que imaginen lo que pudo haber sentido ese biólogo al ver un cardumen de ellos revoloteando cotidianamente, dando vueltas sobre sí mismos y cortejándose amistosamente, como si siempre hubieran vivido en ese lugar.
Era un grupo de veintiún chicos aglomerados en la entrada de la zona que alberga las colecciones, apretándose alegremente para pasar entre el detector electrónico de libros. Los aprecie con rapidez y aunque no pude ver a ningún adulto orientándolos de todas formas supuse que era un grupo juvenil
convencional en medio de una visita guiada pero estaba totalmente equivocado. Después me di cuenta que tenían entre trece y diecisiete años, eran dieciséis chicas y cinco chicos. Y confirmé que venían sin un adulto. No era una visita guiada, esto es, no estaba planeada. No habían hablado previamente con nadie de la biblioteca, ningún enlace previo, ninguna cita. Muchos de ellos no se habían visto nunca, vivían en sitios muy apartados , venían del municipio de Candelaria; o del norte y el sur de Cali; y desde el municipio de Jamundi, lo que implica una media de 60 kilómetros de distancia. ¿Por qué se congregaron?

La respuesta a la pregunta por la razón de su visita fue alucinante. Daniel el líder del grupo habló suavemente y sus palabras me dejaron los ojos fuera de órbita: “estamos aquí porque somos un grupo de lectores y nos llamamos Riders.” Pregunta tras pregunta el grupo de chicos fue soltando todo. Ningún adulto, ninguna institución les habría sugerido la conformación del grupo. A Daniel se le había ocurrido abrir un grupo de facebook con ese nombre y se había generado una expansión viral que había los había conectado y los había puesto a compartir sobre sus lecturas. Y no es cualquier cosa de lo que hablaban. Para ellos Los juegos del hambre, crepúsculo, Harry Potter, El señor de los anillos eran temas cotidianos pero que sin embargo no mencionaban con la misma emoción con que hablaban del que quizás sea uno de los libros más populares del grupo: Cincuenta sombras de Grey y su segundo tomo. Una chica dijo que había oído hablar del libro y que se lo había pedido a su padre quien se lo había ido a comprar sin preguntar al vendedor de qué se trataba. Otra chica dijo que le encantaba el libro porque “era erotismo pero no era pornografía asquerosa.” Se llamaban así, Riders, porque en inglés el término traduce cabalgar lo que está muy relacionado con leer porque leer es como viajar. Habían escogido la Biblioteca después de una reunión fallida en un centro comercial a la que habían asistido sólo cuatro, porque la biblioteca era el lugar para eso.
A mi lado estaba Cecilia a quién le pregunté si alguna vez en los años que lleva había visto algo así y me dijo que no y con la sabiduría que da la experiencia me dijo que me daba permiso para ir a darles una visita por la biblioteca, que podía dejar el puesto de la base de datos. Fue una decisión a
la altura de las circunstancias porque se tomo con la conciencia del Kairoz - el momento preciso e irrepetible.- Fue un desafío porque el cardumen de unicornios había puesto su atención en mí, no tanto en términos egocéntricos sino como el embajador de esa institución soñada a la que habían arribado como si fuesen una cruzada a la conquista del reino prometido. Los jóvenes, lo dicen decenas de costosas encuestas no son muy cercanos a las bibliotecas y después de dejar la niñez van abandonando sus índices de lectura lo que preocupa desmedidamente a toda la institucionalidad que pareciera no entender qué hacer para que lean. Definitivamente eran unicornios marinos. Parecían caminando entre los emblemáticos personajes de las sagas: Elfos, enanos, duendes, brujas; por entre bosques milenarios; tierras malditas
¿Pero qué importancia tiene semejante visita? vamos a contornear un breve contexto. Las redes sociales, como elementos centrales de las tecnologías de la información y la comunicación están jugando un papel frenético en los aceleradísimos cambios sociales que se dan en el planeta. En el año 2003 Bill Wasik, editor de Harper´s Magazzine convoca por internet a 17 personas para que acudan a un gran almacén de Nueva York y se ubiquen sobre una alfombra carísima y respondan que han ido a comprarla todos juntos. Se empieza así a cumplir la sentencia del sociólogo Howard Rheingold quién había manifestado en su libro Smart Mobs que Internet serviría para que las masas se organizaran. Habían nacido los Flash mobs, fenómeno mundial. No es exagerado decir que todos hemos visto alguna vez a algún grupo de personas que bailan el monumental clásico Thriller de Michael Jakson o que ocupan una plaza pública y se quitan una prenda de vestir al mismo tiempo como forma de lanzar un mensaje social.
Posteriormente en el año 2010 estalla la seguidilla de revoluciones en el mundo árabe que literalmente tumbó a los despóticos gobiernos de Túnez, Egipto, Libia y está a punto de tumbar el gobierno de Siria. Las redes sociales vuelven a jugar un papel central a través de la convocatoria fulminante que se difumina viralmente. Sabemos que el 17 de diciembre de 2010, tan sólo horas después de la inmolación de Mohamed Bouazzi, el tunecino que se prende fuego por la indignación que le causa el atropello de una funcionaria quien le confisca su pequeño carro de venta de frutas, ya había miles de personas en Arabia Saudí que habían adoptado su nombre en las redes sociales o seguían a quienes así lo hicieron. De ahí en adelante ya conocemos el triste fin que tuvieron mohammar Gadaffi y sus hijos, gobernantes de Libia que menospreciaron la capacidad de convocatoria para protestar de las redes sociales.
El más reciente caso es el de Brasil donde los ciudadanos han salido a protestar, inicialmente por el incremento de 20 centavos en los costos del transporte masivo y han terminado por exigir una serie de reivindicaciones
que han hecho desplomar la imagen de Dilma Roussef, presidenta que ha optado por unirse a los ciudadanos que gritan agolpados en las afueras del estadio Maracaná como un intento desesperado de no perder la reelección.
Ya puesto el contexto volvamos a los veintiún unicornios. Han hecho presencia en la Biblioteca por su propia voluntad, no mediada por la conducción de un adulto. De la misma manera son lectores autónomos que devoran géneros y autores sin pensar que tan legítimos puedan ser estos respecto de la sociedad adulta que tiene un canon de lo que deberían estar leyendo en la escuela. La estrategia de convocatoria estaría fundando, claramente, lo que parecería ser un fenómeno social emergente, al menos en Cali, ciudad cuya institucionalidad pareciera monstruosamente ajena a los jóvenes, ciudad dónde el 50% de los 1800 homicidios son cometidos por y contra jóvenes menores de 30 años.
Han acudido a la institución pública que por definición es la que debe atender tales demandas sociales y que además está en un riquísimo periodo de reflexión respecto de su papel en el marco de las Tics y las finalidades de la lectura en cuanto práctica social que va más allá del mundo escolar. Prueba de ello es la elaboración de un proyecto para la puesta en marcha de un Sistema de Información de la red Departamental de Bibliotecas, idea concebida inicialmente por 4 empleados de planta asociados al equipo de planeación y que posteriormente ha sido enriquecida por los demás empleados, proyecto que ha llamado poderosamente la atención del equipo evaluador que lo ha ubicado en segundo lugar entre más de 140 propuestas. Por lo anterior la visita no esperada del colectivo lector Riders es un hecho inverosímil, una supernova social que marca una señal clarísima de la nueva relación histórica entre los jóvenes en cuanto ciudadanos y la Biblioteca Departamental en cuanto descubridora y acompañante de semejantes fenómenos sociales emergentes que congruentemente de la mano del mundo entero ya están marcando un nuevo mundo. Un grupo de veintiún jóvenes lectores entre 13 y 17 años han volcado súbitamente la historia de la Biblioteca Departamental.
Mi inusual día de sábado en la biblioteca había tomado un giro de grandes calados que me obligó a inventar una visita que pasó por la hemeroteca dónde les mostré una serie de periódicos de 1984 y terminó en la Sala infantil donde Vivian, la funcionaria graduada de animación sociocultural en España entendió perfectamente la dimensión de las cosas y acabo por redondear el que ha sido el día más impactante de mi paso por la biblioteca que empezó en el año 2003. Les preguntamos que esperaban de la biblioteca, que esperaban de su pertenencia a Riders, mientras llenaban las hojas de asistencia descomunalmente felices porque les habíamos ofrecido la Biblioteca como su casa. Nos confirmaban además lo que sabemos y olvidamos permanentemente: que son lectores porque alguien cercano a ellos
lo era, principalmente sus padres. Lo son porque encontraron el material de lectura cuando lo necesitaron en lo que está siendo cada vez más importante el acceso a través de medios digitales. Y porque tiene sentido hablar de lo que leen entre ellos, encontrarse para compartirlo. Los chicos, entre cometarios acerca de sus lecturas nos dijeron lo que esperan:
Que puedan disponer en bibliotecas públicas con espacios y colecciones adecuados. Decían que no estaban todos los ejemplares de Harry Potter en Jamundí. Estuvieron absolutamente de acuerdo con las propuestas de hacer un encuentro de jóvenes lectores y promotores de lectura; de conformarse como un grupo que asesore las adquisiciones de libros; de hacer ciclos de cine; leer en voz alta y conversar sobre libros a la mejor manera de la antiquísima institución social de los clubes de lectura; de visitar los espacios de la biblioteca como el observatorio, el parque de la lectura, la sala de ciencia; convinieron en involucrar a sus padres para que supieran de qué se trataba y les dieran permiso de asistir a las reuniones; estuvieron de acuerdo en promover aún más su idea para congregar a más jóvenes para que sean lectores; esos jóvenes, algunos de ellos casi niños; estaban orgullosos de haber leído extensos libros de literatura permitida y no tan permitida; gritaron alborozados cuando Vivian que simultáneamente atendía a los niños de la sala; Alexandra, la funcionaria que les había hablado de la Llave del Saber con soltura y yo, les ofrecimos la Biblioteca como su Head Quarter - su cuartel Central - Estaban seguros de sí mismos. La Biblioteca era el sitio perfecto para encontrarse en la mitad del infinito océano de las redes sociales, espacio preciso en el que parece estarse construyendo buena parte del sentido de la existencia de miles de millones de seres.

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